Ya estamos muertos

“Poco a poco había adquirido el hábito de enumerar sus Muertos: desde muy temprano en su vida se le había ocurrido que uno tiene que hacer algo por ellos. Estaban presentes en su esencia intensificada y simplificada, en su ausencia perceptible y en su paciencia expresiva, estaban presentes de un modo tan palpable como si lo único que les hubiese sucedido fuese que se hubiesen quedado mudos [1]”.

Davenne es un ciego, no ve a los que le rodean  y tampoco sus sentimientos. Se ha convertido en un espectador de la realidad. Su total ensimismamiento le ha privado trágicamente de poder iniciar una nueva vida. El paraíso que Davenne ha creado es terrible, no sólo le aleja de los vivos, sino que le consume poco a poco, convirtiéndole a él de manera progresiva, no sólo en alguien alejado de la realidad, sino en un hombre que se desdibuja, y que pasa de espectador a protagonista únicamente con su propia muerte. Davenne es un zombi.

 

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¿Cómo los desaparecidos podrían esperar permanecer si no es en el recuerdo de lo vivos?”.

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Davenne no ceja en su empeño y vuelve a construir un espacio para sus obsesiones de conservación. En una visita al cementerio se pierde, y encuentra destruida y en escombros una capilla. El lugar que había sido destruido durante la guerra, será finalmente reformado. Los muertos de Davenne tienen ya un espacio propio, un lugar de vida, un bosque de velas encendidas que nunca deben apagarse. En ese espacio idílico, se van sucediendo una tras de otra, las fotos de los muertos de Davenne, pero también los de Truffaut: Henry James, Oscar Wilde, Jean Cocteau y el músico Maurice Jaubert.

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“Un desplazamiento  hacia espacios sin lugar, o si se prefiere, entre no-lugares, sin otra perspectiva que la evanescencia, el punto de fuga. Adam y Eve habitantes perennes y vaciados que deambulan en un mundo de imágenes flotantes. Cuerpos en estado fluido. Ciudades decadentes perfiladas sobre negro. Un tiempo que gira sobre sí mismo”.

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Deborah García Sánchez-Marín

 

 

[1] Fragmento extraído de “El altar de los muertos”, Henry James, 1895. Cita que empleé en el artículo Paraíso de obsesión,  El Espectador Imaginario, Octubre 2011.
[2] Todas las imágenes pertenecen a La habitación verde (La Chambre Verte, François Truffaut, 1978) y Only Lovers Left Alive (íd.,Jim Jarmusch, 2013).

 

 

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