SSIFF62(4): Mientras pesamos

SSIFF62(4): Mientras pesamos

 

El día que enterramos a mi abuelo una mañana del mes de Julio yo me separé de todos para abrazarme a un árbol. Luego con el móvil grabé unas hojas que se movían por la gravilla del cementerio. Todo flotaba y desde entonces yo también. Cuando la muerte te alcanza ya no te suelta, ¿a qué edad te atrapó a ti?

 

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Poca gente es capaz de filmar como lo hace Naomi Kawase en Still The Water (Futatsume no mado, 2013) nadie como ella sostiene la cámara ante la vida que se escapa, nadie como ella es capaz de mantener las imágenes en un estado de emoción contenida y continua. La poética de la vida tras todas las pequeñas y grandes catástrofes acaba fluyendo y arrastra como el mar a los cuerpos. No sé si Kawase es consciente de que en Still The Water su forma de filmar alarga la energía que inunda todo el film. De instantes llenos de quietud en los que la cámara permanece en un estado total de pausa pasamos a una cámara que vibra y se mueve, que no permanece fija, que palpita. Es esa dinámica que recorre el film y que no hace sino ahondar en la mística de los contrarios.

 

I. LA VIDA EN EL PESO

The world is gone, I must carry you [1]

Quizá, alguno de los planos más insoportables que tiene Still The Water sean esos donde madre e hija comparten el mismo espacio. La madre enferma en un estado reconocido de desaparición paulatina y la hija negando la evidencia, intentando aprehender la vida. Las canciones que se cantan, los poemas que se dicen, las plegarias que se levantan hacia el cielo nos hablan de volver, de una existencia infinita e interconectada. En la película está interacción es tan evidente que los personajes están siempre en contacto, se dan la mano, se bañan y lo que más me fascina, se transportan.

Still The Water está salpicada de escenas donde Kaito lleva a Kyoko en la bicicleta, un acto que a medida que la relación entre ellos se ha ido haciendo más cercana, acaba conviertiéndose en algo que yo llamaría potencia de sexo, pulsión de la vida. Mientras estamos vivos nuestros cuerpos están en continuo éxtasis, preparados para salir siempre hacia lo otro. En la vida como en el sexo salimos siempre hacia fuera inacabados en proceso de constitución.

En Still The Water todo está en fuga, lo único permanente es el cambio: las olas que vienen golpean y se van. Si el mundo se está yendo déjame que te lleve conmigo. Kyoko dice su deseo y en él atrapa a Kaito en la palabra y lo enfrenta a la vida. Es ella la primera que lo desafia. Es la primera en transportarlo, en llevar su peso. Te quiero. Los cuerpos separados de sus conciencias hasta en las frases que nos decimos.

 

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II. LA MUERTE EN LO INMÓVIL

En mis sueños mato camaleones. No son multicolores pero tienen inmensos ojos para interrogar mi presencia aquí y en el mundo del sueño. ¿qué haces? ¿de qué te escondes? Yo no respondo, lo persigo. Habitaciones henchidas de luz, luz cegadora. No te despistes Déborah. Ya nadie me llama por mi nombre. Lo escucho, lo escucho, lo escucho moverse por las paredes, me rodea. Sus extremidades cada vez son más largas, acaricia mi cara una de sus patas, me da asco. Lo atrapo. Lo mato. Golpeo con un palo. Dos veces. Golpeo con un palo. Dos veces. Me veo en sus ojos moribundos. Me veo. Mi imagen ocupa todo lo que ahora fue el camaleón.

 

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Toda la película podría resumirse en este plano. Lo animal y lo humano. Lo espiritual y lo corporal. El ruido y el silencio. La vida y la muerte. En primer término, la muerte emborronada, y en segundo término el ser humano que mira directamente a los ojos de lo que no entiende pero de lo que se sabe parte, de lo que sabe dentro de sí. Es sobrecogedor el momento en el que el sonido se suspende y parece que el mundo ha sido tomado por la quietud que sobreviene tras la muerte. Kawase parece insinuar que si somos conscientes de que formamos uno con la naturaleza y todo lo que hay en ella, tal vez cuando la energia de la vida se desplaza de un cuerpo al mundo al que pertenece, esos segundos y en ese transito más lúcidos que nunca, vemos que ese cuerpo inmóvil es cuando más está haciendo gala de su potencia. En esa paradoja de dejar de ser es cuando más somos, cuando más conectados estamos a todo lo que nos rodea. Cuerpo cósmico; palmo a palmo mi cuerpo toca todo. El cuerpo es un cadáver o es glorioso. Radiante esplendor inmóvil. El cuerpo se realiza en la estatua [3].

El mundo está en fuga. Mi madre está en fuga. Los pensamientos de tu madre llenarán el mundo. ¡Ya! pero no es suficiente.

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A las tres de la mañana mi madre llora en la cocina dice que se quiere morir. ¿a qué edad te atrapó a ti?Poseo mi cuerpo lo trato como quiero, pero a su vez él me posee: me tira o me molesta, me ofusca o me detiene, me empuja, me rechaza. Somos un par de poseídos, una pareja de bailarines endemoniados.”

firma debora blnca

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[1] «El mundo se ha ido, yo debo llevarte», Paul Celan, Cambio de aliento (Atemwende), 1967

[2] Todas las imágenes pertenecientes a Still The Water excepto la primera White Trees,  y la última, Autumm, 1910,  fotografías ambas de George H Seeley.

[3] Parafraseo del epígrafe 16 de Indicios sobre el cuerpo de Jean Luc Nancy, 2007.

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